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Terra
La Coctelera

Categoría: Guirigay

Mañanas de lunes - La vida lenta 2

Supongo que no seré el único del orbe al que no le gustan demasiado las mañanas de lunes. Pensándolo bien, casi me agobian tanto las tardes de domingo porque me empieza a entrar una especie de malestar muy peculiar y si me espera un lunes atosigante, es un poco agónico el ocaso del domingo.

Hoy empezaba bien el día, con un viento fuerte y una lluvia poco acorde con el recién estrenado verano. La cosa se ha ido complicando con pequeños tropiezos que espero que no tengan grandes consecuencias porque al final uno no sabe cómo un pequeño copo de nieve puede acabar convertido en inmensa bola. Las maneras se complican solas. Va cayendo la mañana y parece que hay un pequeño compás de espera y no sé bien para qué.

Comeré con mi hijo y nos pondremos bien en el zafarrancho de prepara la comida. Quedaré otra vez en evidencia y menos mal que él con sus 17 años me da mil vueltas en la cocina porque si no nos pondríamos hasta las cejas de comer productos enlatados. Y eso que llevo un par de años proponiéndomelo. Sí, intento hacer de vez en cuando un arroz, unos fideos o unos macarrones. Cosas fáciles que curiosamente se me ponen cuesta arriba. Me resulta complicado el arte culinario, se ve que lo de saber darle un toque especial a las recetas no es lo mío pero tendrá que serlo.

Si a esto le añado que es lunes, que parece que estoy embotado y que no sé bien si el pie derecho debe comenzar el paso o debe comenzarlo el izquierdo, puede que el resultado sea que tengamos que ir a comer a un restaurante.

¡Confío que no!

Tiempo y... ¿silencio?

Hace poco compré un reloj que atrasa entre diez minutos y seis horas cada día. Es un reloj cuya batería se carga sola con el movimiento, vamos de esos que llaman cinéticos o “kinéticos”. Desde que lo tengo, me he dado cuanta de lo útil que es tener un reloj que marca la hora que le da la gana. El alma se ensancha y el silencio se presenta más amistoso.

¡El tiempo es todavía infinitamente más subjetivo y me encanta no depender tanto de él!

Las islas de la miel

Contemplaba absorto la débil luz del sol poniente de octubre. Dejaba éste una estela dorada en las mansas aguas que lamían suave y persistentemente las arenas blancas, llenas de algas, de la isla. Contrastaba la sequedad de sus tierras, salpicada de chumberas, con la abundancia de las construcciones defensivas. Todo parecía amurallado, esperando el ataque final del enemigo. La Medina, a lo lejos, era el centro insular y se imponía altanera sobre nosotros. Sin embargo, escondía jardines, vergeles ocultos. Los carteles alternaban el inglés con aquel idioma que nos resultaba tan desconocido. Todo estaba indicado pero nada nos resultaba comprensible o por lo menos, a mi me parecía todo un enigma.
- ¿Por qué miras con esa cara de asombro?-
- ¿No te gusta el lugar?-
- Me encanta-, te respondí.-
- Las islas siempre han ejercido un magnetismo especial sobre mi alma. Sin embargo, es un reto para mi mente intentar comprender lo que siento. En este caso concreto, es gastar energía en algo que puede resultar poco útil pero que reconforta mi mente.-
- Bueno, considera que el Maltés no es sólo un reto para ti, es una lengua semítica que se desarrolló de un dialecto del árabe. Realmente es la única forma del árabe que se escribe con un alfabeto latino.
- ¡Siempre me dejas sorprendido!

Vida, destino y camino

La búsqueda de nuestro lugar en este mundo y esta vida es sumamente difícil. Las profesiones nos clasifican demasiado y los trabajos nos atan muchas veces. En otras nos asfixian nuestras relaciones amorosas, personales o laborales. El camino ofrece al viajero una libertad que está reñida con la seguridad que buscamos para nuestro destino.
¡Qué le vamos a hacer!
Somos volubles y semejamos frágiles pompas de jabón a merced del viento y de las manos de los demás.

Bergen

Junto al puerto en Otoño, dejando escapar la mirada sobre los pálidos tejados.
Mientras la brisa, jugueteando, penetra por las heridas de la ventana, una lágrima desliza su nacarado cuerpo por mi mejilla.
Y mi alma escapa en las velas de los barcos a lejanas tierras que nunca sentirán mis pies…

¿Por qué utilizar la misma libreta después de once años?

¿Por qué utilizar la misma libreta después de once años?
Quién lo sabe.
Una libreta mal usada o medio vacía es una agresión a los sentidos.
Además, el hecho de haber sido producida en Shanghai, evoca recuerdos inexistentes de países exóticos.
China, Shanghai, otras épocas, otras personas…

De viajes astrales y similares

Estados de vigilia y sueño en una frontera difusa.
¿Capacidad de la mente de crear nuevas realidades?
Me comenta y relata uno de esos viajes, donde se encuentra con personas que “flotan” y que, al parecer, estaban muertas hacía tiempo.
A las preguntas ¿Qué hace por aquí? Y ¿Tú también estás con nosotros? Ella responde con evasivas. El viaje finaliza en la clase de inglés de una Escuela oficial de idiomas.
Hubo otros tres viajes previos, menos precisos.
Debo volver a conversar con ella sobre este tema.

Demagogia del ladrillo, hormigón de la democracia

Hoy he tenido la ocasión de presenciar un acto público de la llamada democracia pura.
Un alcalde, el de mi pueblo, de esa derecha conservadora que va de izquierdas y progresía, acompañado de un concejal de esa izquierda cada vez más unida alrededor de algunos sillones públicos, y de un arquitecto (supongo que el contratado por el municipio), estaban explicando a una audiencia mayoritariamente formada por personas de una edad media-alta y componente agrario (de esos agricultores residuales que quedan en algunos arrabales de ciudad) que un plan de reordenación urbana que se acababa de publicar en el boletín oficial de la provincia era sólo y exclusivamente una hipótesis de trabajo. Ojo a la palabra: hipótesis.
Imagínense el lugar escogido: un polideportivo de esos cutres, con amplios espacios hormigonados, con una preparación acústica parecida a la de un palacio de la ópera (inundado de grasa), y con un micrófono portátil que permitía que se enterasen los de la primera fila y poco más, de lo que decían nuestros próceres.
Todo esto amenizado con los finos pero machacones golpes de la pelota de cuero contra las paredes del frontón para que la música de fondo mantuviese el ritmo durmiente de las palabras encadenadas de los protagonistas oficiales.
Si añadimos que éstos procuraban hablar bajito y entre dientes, lo que propiciaba los gritos y abucheos, se reunían las mejores condiciones para que cualquier político ventajista saque la tajada apropiada: ha hablado con su pueblo, les ha explicado todo detalladamente sin importarle las críticas, les ha dedicado todo el tiempo requerido y no se ha comprometido con nada (con lo que no estuviera comprometido antes).
El plan seguirá adelante, la mayoría de los agricultores tendrán alguna expropiación terrenal (su reino no es de este mundo) y se construirán varios miles de nuevas viviendas. El concejal de izquierdas contento porque habrá viviendas de protección oficial (¡que los jóvenes de nuestro pueblo no se vean obligados a emigrar como los de otros!, gritaba nuestro amado ¿y demagogo? alcalde) y algún metrito cuadrado más de zonas verdes municipales (aunque incluyan las que ya son verdes actualmente que quedaran bastante mermadas, supongo). El alcalde contento porque habrá toreado una vez más con maestría y le recompensarán, su partido y los poderes fácticos del ladrillo, el hormigón y la teja, con grandes muestras de grato amor.
Reconozco que me he acercado a la reunión por casualidad. Había salido a pasear para refrescar un poco el cuerpo y la mente y me he encontrado con el debate público. Me recordaba otros tiempos de asambleas y las mismas tácticas políticas. Es fácil no decir nada para decir luego que lo has explicado todo.
Maquiavelo era mejor consejero de su príncipe en las artes de la política que los que ahora pululan por aquí y allá. Enseñaba cómo convencer y cómo actuar por delante y por detrás (también por en medio, que se puede si se quiere). Ahora no es necesario convencer con buenas o malas artes, sólo se necesita esquivar, esperar y hacer lo que tenías previsto escudándote en la letra ininteligible y en la palabra sorda que sumada a otras crea tal guirigay que no lo entiende quien te escucha que es lo importante.
Y a todo esto, me he quedado impresionado con la mirada bovina del concejal de izquierdas. Me recordaba al buey bien alimentado que no quiere mirarte de frente porque tiene algo en su conciencia que le está penando.
Aunque ¿alguien sabe si tienen conciencia los bueyes?
Me he dado media vuelta y he seguido paseando y pensando (a veces, raramente, lo hago). Pensando de nuevo e intentado convencerme de que debo participar más en la vida política local. Finalmente, he llegado a la conclusión de que mucho tiene que llover para que no vuelva a abstenerme de votar en las próximas elecciones municipales.
¿Se llenarán los pantanos?