Si la ausencia
Si la ausencia, tu ausencia, sirviera, tuviere algún valor y me concediera una diminuta sensación de poseer más sabiduría… Sin embargo, la realidad es bien distinta, mucho más dura. Dura como ese granito puro en que se transformó tu recuerdo.
Tu ausencia provoca un intenso dolor, única y exclusivamente dolor. Y es ese viejo dolor, viento helado, esa triste y amarga dureza de ese dolor tan viejo y acre. Tan viejo y acre como eterno, como el vacío que ha creado tu partida y es omnipresente en el sentimiento de amarte.
Ese sordo dolor que va imponiendo su instante, su tempo, su ritmo lento y agónico, hasta que doblega mi espíritu, sometido, vejado a su voluntad. Mi espíritu que no distingue ya otro sabor que el doloroso y salado recuerdo de tu ausencia.