Cambio de era
El encuentro casual de una pequeña, minúscula, piedra negra, me ha indicado, de nuevo, que se aproxima un cambio de era. Un duro cambio, imagino, por el cúmulo de acontecimientos sombríos que han venido sucediendo en los últimos meses. Me siento inquieto, con la angustia aflorando en la piel por ese cambio potencial que se avecina. Con la angustia y la incertidumbre, teñidas ambas de una cierta, contradictoria, alegría.
Me resulta cada vez más familiar la duda ante el futuro que se le presentaba a Turmo (1), el inmortal, en cada fase de su interminable vida. De esa manera tan peculiar que las eras pasan a través de ti, dejando huellas tenues, poco perceptibles, hasta que se produzca el cambio definitivo, momento en que todas las vivencias vendrán a recordarse, una a una, como si nunca se hubieran relegado al olvido.
En la distancia, todo parece tan borroso que dudo que pueda ser real ese recordatorio puntual. He de procurar no pensar demasiado, dejar que los estímulos lleguen más libres, sin encontrar tanta dificultad a ser percibidos. No es la primera vez que sucede esta muerte de una era y el comienzo de otra. Sin embargo, lo nuevo siempre me provoca ese pequeño malestar, este periodo de mudanza, de intranquilidad.
(1) Mika Waltari