Hace unos días comentaba que escribir no es tan sencillo y que necesitas que ocurra algo en tu vida que despierte en ti esa necesidad o pulsión. Hubo dos o tres comentarios sobre el tema (me sorprendió porque, aunque parecen pocos, fueron interesantes). Uno era bastante irónico, los otros en parecida línea argumental a la mía.
No sé bien que se hace con los comentarios, si se les contesta directamente o no se les contesta, o si en los siguientes comentarios se hace alguna referencia a los mismos.
En este caso concreto y en parte debido a mi timidez y a que más bien escribo para ahuyentar las ideas que se me van amontonando en la mente (y necesito espacio porque la mía, al menos, tiene una capacidad limitada), tomaré el camino más cómodo. Este camino es el de no contestar o no contestar directamente. Deseo que no se considere un desdén o menosprecio para los que hacen los comentarios: todo lo contrario son bien recibidos porque los encuentro muy útiles y hacen ver cosas que están ahí delante de mis ojos y no soy capaz muchas veces de verlas.
Incluyo aquí unos extractos del escritor José Luis Sampedro sobre para qué sirve escribir. Estos extractos también serán publicados por mi alter ego de la bitácora “Fragmentos” sin mis anotaciones o comentarios que muchas veces entorpecen y enmascaran el verdadero mensaje del autor original. Dice así Sampedro:
“¿Para qué se escribe? Hombre, hay quien escribe para ser famoso, para salir en la tele; hay quien escribe para ligar, para ganar dinero, pero no es de ese tipo de motivaciones de las que vamos a hablar, entre otras razones porque para ganar dinero o ser famoso hay medios más rentables. Hablemos de arte, de literatura, de necesidad vital. Yo escribo por una razón, yo diría, genética. ¿Ustedes recuerdan a Nureyev, el bailarín ruso que murió hace unos años? En una entrevista, a la pregunta de la periodista: «¿Qué consejo daría usted a un muchacho o muchacha que quiera dedicarse al ballet?», el gran artista contestó: «Que si puede, lo deje». De lo que se deduce que para Nureyev la única razón seria para dedicarse al ballet era no poder evitarlo. Ése es exactamente mi caso con la literatura. Mi obra será buena, mala o regular, acertada o desatinada, pero la he escrito porque no podía evitarlo… // …es un esfuerzo. Pero no es un trabajo. Tal vez para entendernos mejor, deba aclararles qué entiendo yo por esfuerzo y a qué llamo yo trabajo. Para mí, el esfuerzo es dedicar energías, tiempo, movimientos, iniciativas para hacer algo, para crear algo, ya sea hacer cumbre en el Everest, diseñar una mesa de pino o escribir una novela para satisfacer una necesidad interior, por el mero placer de crear o por una pasión deportiva. El trabajo sería eso mismo, pero con intención de venderlo en el mercado para ganarse la vida, para conseguir dinero, para comer, para vivir o por afán de lucro. Es decir, la diferencia la establezco en la finalidad.”
Me parece un razonamiento bastante atractivo. Tal vez no pueda aplicarme todas y cada una de las características de las que habla pero lo que está claro que escribir en una bitácora o blog es un esfuerzo para la mayoría de nosotros y no un trabajo porque no puedo imaginarme que muchos de los que escribimos blogs estemos consiguiendo dinero por lo que publicamos de vez en cuando ¿O me equivoco?