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La Coctelera

Donde gira el viento

Los sentimientos, las ideas, las fantasías que surgen de las lecturas, de los sonidos o las imágenes, van a ser la parte fundamental de este blog.

29 Mayo 2006

Lo efímeras que son las cosas

Este fin de semana me dieron una desagradable sorpresa. Me hicieron asumir una vez más lo efímeras que son las cosas.
Un fin de semana al mes, mas o menos, voy a la Capital, en el autobús de línea que sale a la 1:30 horas (¡sí, en la madrugada o lo que sean esas horas!). Después de casi cinco horitas de autobús, con una parada técnica en medio (para estirar las piernas y lo que sea menester), llego a la estación de autobuses más claustrofóbica que conozco y rápidamente compro dos o tres periódicos en uno de los quioscos de la estación y salgo disparado a la superficie.
Siempre hago lo mismo, ir a una cafetería un poco cutre (poquito porque lo compensan la amabilidad y gracejo de los camareros), llamada Loren’s que es la única abierta.
Allí me busco una mesa en el fondo, pido un zumo de naranja, un café y unos churros o cruasanes (vamos, lo que tengan) y comienzo la ceremonia de leerme todo de cabo a rabo. Como no tengo ninguna prisa porque mis obligaciones no empiezan hasta las diez, repito lo del zumo, el café y demás, otras dos veces, e inmersión en la prensa escrita.
Suelo acabar todo este protocolo sabatino, lavándome a conciencia las manos para eliminar bien la tinta de los dedos y saliendo a respirar el aire impuro de la gran ciudad dando un paseo hasta el centro para que las piernas recobren un poco de vida.
Pues bien, a partir de este sábado debo hablar en pasado porque nada más salir a la superficie me di cuenta de que algo iba mal: no noté luces en el Loren’s y cuando me acerqué, vi que todo estaba cerrado y bien cerrado y el interior daba un aspecto de abandono. Ese aspecto que tienen los locales cuando se les han dado el punto y final. Mi desilusión fue terrible. No me gustó la situación y me sentí desamparado. Mucho más cuando la otra cafetería que más o menos me agrada y que está justo enfrente, no abre hasta las siete o siete y media.
Me encontré obligado a meterme otra vez en las desagradables profundidades y, como no me gustan las cafeterías subterráneas, tomé un metro hacia el centro, con la ilusión y la amargura (sentimientos simultáneos y contradictorios) de encontrar un nuevo lugar para retomar mis mensuales prácticas, cuasi-religiosas, de madrugada del sábado en la gran manzana madrileña.
¡Qué efímeras son las cosas!

servido por dondegiraelviento 6 comentarios compártelo

6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Virginia

Virginia dijo

No creo que en Madrid tengas problemas para encontrar bares con encanto, será por sitios... no será Bilbo, pero variedad no le falta.

29 Mayo 2006 | 11:30 AM

Dondegiraelviento

Dondegiraelviento dijo

Querida Virginia,
El bar que menciono no tenía ningún encanto salvo estar abierto cuando tenía la necesidad de que lo estuviera. Bares en Madrid hay muchos y supongo que muy bonitos e interesantes. Lo que me gustaba es que estaba allí, que los clientes a esas horas eran trbajadores que iban o venían del trabajo y que había tranquilidad. Donde estuve luego, la atmósfera era mucho más festiva, lleno de gente que estaba alargando su fiesta y no era el lugar más apropiado para seguir con mi rutina. ¡Tendré que seguir buscando!

29 Mayo 2006 | 11:34 AM

Virginia

Virginia dijo

Te gustaba y te sentias cómodo, ¿qué mas encanto necesita pues?

29 Mayo 2006 | 11:38 AM

Dondegiraelviento

Dondegiraelviento dijo

¡Eso mismo digo yo!
Sólo necesitaba que estuviera abierto.

29 Mayo 2006 | 11:51 AM

Virginia

Virginia dijo

Podría seguir, como bien dices en el siguiente post es lunes "de mala fama" (yo asi los considero), pero te dejaré tranquilo... que encuentres ese bar "con encanto" por Madrid.

29 Mayo 2006 | 12:00 PM

Donde gira el Viento

Donde gira el Viento dijo

Gracias por tus buenos deseos y, ya sabes, aquí me tienes, siempre que quieras y, sobre todo, puedas.

29 Mayo 2006 | 12:25 PM

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En la duda encuentro el placer del pensamiento. Respiro profundamente para sentir cada aroma. Cada color que retienen mis pupilas lleva tu mirada. Y en cada gesto, en cada palabra, recuerdo su epitafio: "todas hieren, la última mata". Free counter and web stats

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