Los dioses son crueles y nos crean espejismos. El paraíso para los turistas, el infierno para los indígenas. Cuando se cansan de jugar con nosotros provocan desastres, los turistas escapan a contar sus intrépidas experiencias a sus amigos, no entienden ni la palabra ni el gesto solidario. Después o a la vez, nunca se sabe, llegan las cámaras, se encienden los focos, extienden la pasarela y la alfombra roja y los que son lo que son por la gracia de dios (o de los dioses) y las estrellas terrenales con sus brillos disonantes aparecen para no quedarse fuera de la foto de la historia.
¿Qué piensa el indígena?
¡Están locos estos romanos!

(Sobre Panajachel de Saudade)