Tomo con delicadeza los recuerdos, todos y cada uno de ellos, y los ordeno en sobres de colores. Sobres rojos para la pasión de nuestros encuentros, verdes para la esperanza reflejada en los ojos de los que miran el futuro con la frente resuelta, azules para los caminos que llegaron al crucero y se perdieron en las infinitas vueltas de la búsqueda, naranjas para las playas de amarillas o negras arenas por las olas acariciadas…
¿En cada sobre meto un recuerdo o un sueño?
Nunca supe ver la diferencia.
quizás tu manera de entender el mundo por colores ha hecho que nunca hayas dejado de soñar... o recordar que soñaste. Tú le pones color, y sabes que fue real.
¡O, tal vez, muchos momentos de la vida los vivimos en tonalidades grises y creemos que el color nos redimirá de esas amargas situaciones!
Ahora mismito me voy a la papelería más cercana a comprar sobres... Me ha gustado este artículo.
Quizá es que ando un poco tontorrona con estos días de calores bocornosos, ¿pero qué color escoges para el sobre de los sueños/recuerdos nostálgicos, melancólicos, tristes...?
Un saludo Guillermo, y ponte esa camiseta amarilla mañana, que ahora que no pega es cuando la podemos lucir con orgullo los no futboleros (yo tengo una de Argentina, cómo no).
:)
Querida Marta,
Me gustan los sobres de diferentes tonos de marrón o de gris para ese tipo de recuerdos más bien tristes.
No te creas que son poco abundantes, si los pongo todos juntos abundan los grises sobre todos los demás colores (¡y siguen aumentado en grosor!).
Desde el más claro de los grises hasta los más cercanos al negro, color que reservo para los recuerdos más sombríos, se van amontonando y desbordan la mesa.
¿Por qué la mesa?
¡Me gusta ver como forman columnas que se van perdiendo en el cielo infinito!