Junto al puerto en Otoño, dejando escapar la mirada sobre los pálidos tejados.
Mientras la brisa, jugueteando, penetra por las heridas de la ventana, una lágrima desliza su nacarado cuerpo por mi mejilla.
Y mi alma escapa en las velas de los barcos a lejanas tierras que nunca sentirán mis pies…
Un ambiente otoñal se respira en el ambiente, lleno de nostalgia y anhelo de surcar los mares.
Me apunto a ese viaje
Saludos
Es agradable tener buena compañía para cualquier viaje. Por desgracia, en esta época de mi vida, los diferentes agobios personales únicamente me permiten pensar y soñar con rutas, personas y paisajes.
Guillermo, me alegro de tenerte de nuevo por aquí, y ya estoy saboreando tus posts, tus palabras.
Te deseo que esta etapa de agobios se cierre pronto y de paso a una diferente y llena de alegrías. Seguro que sí, espero que sí.
Me ha encantado este post.
Yo también me apunto a ese y a otros viajes.
Bergen me hace recordar el salmón salvaje, y algún que otro pensamiento con nostalgia, también.
Un beso enorme, y bienvenido de vuelta!
Querida María,
Tengo muchos deseos de viajar (y lo hago mucho, en pensamientos y sueños) pero de verdad que esta vez creo que tendré que ser capaz de esperar a vientos mejores en las velas. Y, la paciencia no es mi fuerte.
Salud
Bueno, bueno... todo llega y pasa y ahí está la gracia!
Un besote, viajero.
Está la gracia y está la bruma. Tú si que sabes llevarte bien con tu alma viajera.
Un beso