Así son las cosas muchas veces. Queremos todo o nada.
Y en estas apuestas, en la mayoría de las ocasiones, salimos escaldados con la derrota y con las manos completamente vacías. Apuramos demasiado las situaciones. Nos convertimos en la ansiedad con forma humana, casi siempre para nada.
Tal vez, sentarse a la puerta de nuestra casa y mirar al horizonte, nos sería más útil muchos días. Pero lo digo por decir, porque la puerta de mi casa da a una escalera de vecinos, con pocas vistas a los horizontes cercanos y lejanos, y a lo sumo vería a mis vecinos cuando entran y salen de su casa.
Me dan envidia esas casas de los pueblos que dan a una callejuela, calle, placeta, plazoleta, plazuela o plaza, donde todavía es posible sacarse un banco o una banqueta por la noche para pegarle a la hebra con los vecinos o los amigos.
En mi pueblo es difícil pasado octubre y hasta llegado mayo otro tanto de lo mismo, pero da igual, lo importante es la idea que se va borrando cada vez con más rapidez por culpa de las imágenes catódicas o plásmicas.
No sólo hablo de la televisión, también me refiero al ordenador y puestos a poner a parir, también a Internet, en general y a La Coctelera, en particular.
Porque seamos sinceros, ¿cuántas veces te has enganchado a los blogs de La Coctelera y has dejado para mejor momento una buena conversación con tu pareja, tus hijos, tus padres, tus amigos y demás seres humanos bípedos circunnavegantes a tu alrededor?
Demasiadas ¿Verdad?
Pues es que hoy tengo día asocial y ganas de incordiar. Bastante me han sobrecargado las bolsas escrotales en el trabajo (y se las he sobrecargado yo a otros, o los ovarios a otras, por desgracia en todos los casos expuestos). ¡Y encima, la pesada herramienta de corrección ortográfica automática no me deja poner lo que yo quiero!
¡Habrase visto!