Discernimiento
“La vida está dura en los momentos más inesperados del presente. La vida siempre ha estado dura para los que no nacieron en una cuna alta, elevada sobre los demás, para poder contemplar a la masa, la mugre, el populacho. Y así seguimos, dolidos, sudados, confusos, sin saber que la vida es dura porque algunos nos la convierten en un camino pedregoso, lleno de dificultades, con agujeros sin fondo y con espinas en cada una de las flores que adornan las orillas”.
Eso me decía mi amigo Ernesto. Ernesto, buscador de utopías, feliz en la desgracia, tiene el don del discernimiento, el don de saber distinguir las cosas, los sentimientos, las amistades verdaderas de las fingidas.
Me contaba que era inconcebible que una persona (tal vez se refería a mí) pudiera gastarse 100, 200, 1.000 euros en pagar una habitación de hotel, sin desayuno, cuando otros con ese dinero podían sobrevivir un mes, un año, la vida entera, dentro de sus esperanzas vitales tan menguadas.
Pensar en eso, me resultaba molesto. Soy un hombre blanco, occidental, de ojos azules, con un pelo que alguna vez fue rubio y relativamente alto (a pesar de mi edad). La vida me ha sonreído demasiado (también es verdad que de vez en cuando he notado su lacerante latigazo, pero para que me voy a quejar con lo hay en el ruedo) y la fortuna ha brillado más que lo contrario. Y por ser así, no soy capaz de entender que el agua no es infinita, ni lo son la electricidad, el petróleo, la jubilación, la seguridad social, y un largo y extenso número de ventajas que considero elementales para todo ser humano. Lo duro es ponerse en otras pieles, en otros colores, en otros pensamientos más cercanos a la superficie de la madre tierra. Lo ingrato es comprender que las fronteras las crearon aquellos que sabían que para parcelar y marcar su territorio de abundancia había que poner gente armada y mantener lejos al invasor, extraño, ingrato, desalmado.
Y Ernesto me seguía aleccionando, intentando que el sentido común y el discernimiento entraran en mi cabeza, con un sencillo ejemplo: ¿hay fronteras para el dinero, la riqueza, el poderoso? No, ¿Por qué las hay para el ser humano?
Soy occidental, soy del norte, no sé si entiendo lo que mi amigo me quiere decir. Tal vez mi comodidad suponga la miseria ajena y pensar me da miedo.
jotaluis dijo
tu amigo Ernesto tiene mucha razón. Pero pensar da miedo, porque si piensas hay que actura, y actuar resulta "hoy y así" absurdo.
23 Septiembre 2006 | 11:15 PM