Contemplaba absorto la débil luz del sol poniente de octubre. Dejaba éste una estela dorada en las mansas aguas que lamían suave y persistentemente las arenas blancas, llenas de algas, de la isla. Contrastaba la sequedad de sus tierras, salpicada de chumberas, con la abundancia de las construcciones defensivas. Todo parecía amurallado, esperando el ataque final del enemigo. La Medina, a lo lejos, era el centro insular y se imponía altanera sobre nosotros. Sin embargo, escondía jardines, vergeles ocultos. Los carteles alternaban el inglés con aquel idioma que nos resultaba tan desconocido. Todo estaba indicado pero nada nos resultaba comprensible o por lo menos, a mi me parecía todo un enigma.
- ¿Por qué miras con esa cara de asombro?-
- ¿No te gusta el lugar?-
- Me encanta-, te respondí.-
- Las islas siempre han ejercido un magnetismo especial sobre mi alma. Sin embargo, es un reto para mi mente intentar comprender lo que siento. En este caso concreto, es gastar energía en algo que puede resultar poco útil pero que reconforta mi mente.-
- Bueno, considera que el Maltés no es sólo un reto para ti, es una lengua semítica que se desarrolló de un dialecto del árabe. Realmente es la única forma del árabe que se escribe con un alfabeto latino.
- ¡Siempre me dejas sorprendido!
Querido Guillermo, es dificil comprender o buscar explicaciones a lo que nos produce satisfacciòn o nos dà paz, creo que es mejor aceptar y no retarnos, como bièn dices serìa malgastar energìa.
Hoy, me tranquiliza ver la luz de la tarde otoñal que entra suavemente por mi ventana. Mañana, Dios proveerá.