Mundos simultáneos y vidas paralelas
¿Quién no ha soñado alguna vez con ser otra persona, vivir otra vida?
¿Quién no ha fantaseado con la posibilidad de llevar una vida completamente diferente?
He conocido a personas que trabajaban duramente empleando sus manos, sus brazos, su cuerpo, que llegaban rendidos a sus casas con la única esperanza de encontrar la comida en la mesa y su cama en su sitio. Personas que miraban con ese dolor en la mirada que supone comprender que tu vida es una continua deriva a ninguna parte. Personas que ante un vaso de vino o una taza de café cargado con algún líquido redentor del alma, comentaban lo muelle que era la vida para otros, para gente tal vez como yo, sin necesidad aparente de levantar del suelo ni siquiera una leve hoja de papel. Su sueño era estar en otro trabajo, rodeados de gente a la que poder mandar, ordenar hacer esto o lo otro, regresar a casa a una hora prudente, poder entablar por primera vez una conversación con su esposa que no residiera únicamente en monosílabos intercalados con gruñidos, poder jugar de vez en cuando con unos hijos cariñosos que les miraran como se mira a los héroes de las grandes epopeyas.
He conocido la situación inversa. Más o menos. Es decir, he conocido a personas poderosas, o por lo menos de eso presumían, que anhelaban poder ser una persona humilde, que basara su trabajo en lo que fueran capaces de realizar sus manos, que tuviera el poder de pararse a contemplar su alrededor, de conversar con las personas que le rodean sin necesidad de mostrar los dientes, defender su parcela.
En ambos casos, más bien extremos, únicamente he sido capaz de escuchar, de asentir con la cabeza mientras me expresaban esos deseos. He reflexionado alguna vez, pero la mayoría de las ocasiones prefería ser esponja, absorber sensaciones, no pensar.
Después, mucho después, me he preguntado muchas veces si realmente es posible no llevar una vida alienante cuando te ha tocado en suerte esa situación. Si naces en una familia con pocos recursos (o casi ninguno) ves el esfuerzo que se hace por salir de la situación comprometida en la que te encuentras. Muchas veces esos esfuerzos son tan enormes que es miserable el resultado que se obtiene. Parece que te envuelve uno de esos círculos viciosos de los que es tan difícil salir. Los que salen, los que consiguen despegarse de esa esclavitud real y dolorosa, enseguida se acostumbran a la nueva situación, y en mi experiencia, la mayoría se olvidan (o lo pretenden) de cómo fue su vida pasada. Se vuelven tan críticos o más con los que se quedan en la situación que anteriormente fue la suya, que los que nunca la conocieron y sufrieron en sus propias carnes.
Los que nacen en un seno familiar acomodado lo tienen siempre más fácil. En la carrera vital salen con bastantes metros de ventaja. Los metros que sean dependen del grado de acomodación. Siempre se encuentran con recursos, conocidos y amigos que se ayudan mutuamente: “hay que mantener el statu quo, no se llene esto de advenedizos”.
Pero no era de este tema del que quería hablar. Ya sabéis como son las cosas. Uno empieza a escribir de mundos simultáneos y de vidas paralelas y acaba haciendo apostolado. Quería hablar de otra cosa. Y como sé que no es bueno mezclar temas porque el mensaje se difumina voy a escribir un “mundos simultáneos y de vidas paralelas 2”.
ren dijo
Muy cierto, Guillermo; muchas personas se cambiarían a ciegas por el vecino, sin conocer ni remotamente la trastienda que hay en realidad en la vida o en el trabajo del otro.
Yo soy profesora, y sé la "envidia" que despiertan nuestras vacaciones, nuestra ocupación... Para muchos cobramos un salario de ministros y trabajamos menos que los reyes (magos). Ya quisiera yo ver lo que duraban en las aulas, tal cual están actualmente, la mayoría de los que quisieran estar en mi puesto...
También te doy plenamente la razón cuando afirmas que muchos de los que logran salir de una situación económica apurada suelen olvidar pronto sus orígenes... Alguno conozco, y son como los fumadores arrepentidos..je..
Muy buena esta serie de artículos, Guillermo, un auténtico placer leerlos.
Besos.
20 Diciembre 2006 | 05:40 PM