Mundos simultáneos y vidas paralelas 2
Me refería a otra cuestión os decía en el anterior escrito. Me refería a que todos soñamos (o eso creo) de vez en cuando o no tan de vez en cuando en cómo sería nuestra vida si fuéramos otros. Si en vez de llamarnos Pedro nos llamáramos Juan, o en lugar de María, nos llamáramos Marta. O Alejandro, o Ernesto, o Paulina, o Fabricio, o Luz de Luna…
Tengo un amigo que fue pescador. Se pasó media vida entre el Gran Sol, Terranova y el Atlántico sur (con alguna escapada al Índico, a la altura de Madagascar). Su barco (que no era suyo) seguía la estela de la temporada buscando grandes bancos de peces, con el sueño de todo barco pesquero de llenar bien las bodegas. Años duros de vida dura. Conocía a sus dos hijas más por el papel fotográfico que por el contacto de sus mejillas.
Sus ojos azules están rodeados de intensas arrugas, igual que sus labios. A pesar de todo, su sonrisa sigue radiante igual que cuando de niño nos contaba sus travesías, siempre con un toque de exageración, un sutil toque que convertía a un bacalao en una ballena, a una ballena en una isla misteriosa que no aparecía en los mapas porque emergía solamente cada doce años.
Hace poco le pregunté cómo le iban las cosas, que qué tal iban sus achaques (la última vez que habíamos coincidido tenía un buen dolor de espaldas). Me contestó que bien, que no estaba como para participar en las Olimpiadas pero que le faltaba un poco de preparación nada más.
La conversación tomó un cariz un poco más serio y aproveché para preguntarle (volviéndome en el niño que nunca he dejado de ser) qué le habría gustado ser, de no ser marino.
Me sorprendió su respuesta, sobre todo porque no me la esperaba.
No deseaba haber sido otra persona, haber tenido otro oficio. Me dijo que se cambiaría por un animal, concretamente por una orca porque las pocas veces que había visto a estos mamíferos acuáticos, le habían sorprendido por su belleza, su fuerza y la sensación de libertad que irradiaban.
Su contestación me hizo reflexionar y me recordó un apunte de uno de mis escritores preferidos (tengo varios cientos, por cierto), Elias Canetti. Su apunte dice:
“Vivir sin modelos ¿será esto posible a los ochenta? Asómbrate de nuevo, no reconozcas nada, desacostúmbrate del pasado, es demasiado rico, te ahogas en él, pon tu mirada en gente nueva, centra tu atención en quienes ya no podrán ser tus modelos. Haz realidad la palabra que más has utilizado: metamorfosis”.
Es evidente que otra vez no he hablado de lo que quería hablar. Y no sé si lo haré porque si segundas partes nunca fueron buenas, ¿lo podrán ser las terceras?
sunadokei dijo
Muy buena la reflexión que apuntas! Empezaré el día con el objetivo de metamorfosearme :) Gracias por la inspiración.
20 Diciembre 2006 | 07:35