Hace dos tercios de los años que tasan mi edad tuve una amistad, tal vez un amor.
Ocupaba mis pensamientos, ocupaba casi todo mi tiempo, nuestro amor, su esencia, tal vez su imaginación de serlo.
Me dijo en cierta ocasión: “Dentro de unos años solo recordarás mi nombre”.
Han pasado tantos años desde entonces y aunque muchas veces, en la compañía del silencio, intento recordar otros tiempos, otros rostros que pertenecen a esa caja oscura que es o ha sido mi pasado, me resulta difícil dibujar, en mis recuerdos, sus rasgos, las miradas, las sonrisas, los gestos, las palabras o enlazar determinadas situaciones, hechos, personas y sentimientos.
Todo aquello que me pareció eterno se difumina como humo.
Y me doy cuenta de que es tan cierto lo que me decía: hoy solo recuerdo su nombre porque su nombre refleja el olvido.