El comienzo o la nada, simplemente la aparición desde el vacío, desde la energía hacia la materia y viceversa.
Es un día cero, un día que no significa nada salvo el comienzo de algo, si es que eso significa algo.
Atravesando años se da uno cuenta poco a poco de que hay momentos que marcan un cambio de era, de época. Si asumimos que ya somos varios miles de millones de personas sobre la faz del planeta. Tiene que haber cientos de miles de millones de días cero cada semana. Cada comienzo podría ser definido como el día cero de algo, el día que se comienza con un nuevo paso, estadio, escalón, hacia arriba, hacia abajo o en la misma línea rasa.
Si llevas escritos un par de cientos de blogs, empiezas a creer que te repites continuamente y es casi seguro que esta apreciación se acerca a la realidad, cruda y pura. La sensación de estar contando lo mismo, casi con las mismas palabras, una vez tras otra. Por eso, de vez en cuando, sin necesidad en que se convierte norma, hay que dar un giro, un brusco golpe de timón, y cambiar el rumbo.
Manteniendo la memoria, ayudando al olvido, combinado la experiencia con la búsqueda de lo nuevo, lo eternamente nuevo e infinitamente viejo. Por eso, hoy es un nuevo día cero, que acaba con un título olvidado (“Donde habite el olvido”) de un poeta perdido en el tiempo (Luis Cernuda):
Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo sólo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.
Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista.
En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
No esconda como acero
En mi pecho su ala,
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.
Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.
Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.
Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.
El miedo si hemos cambiado, olvidamos, perdamos algo distinto porque no somos la misma persona.
A veces todos somos un vacío en espera del llenado.
Uy Cernuda, uno de mis favoritos. Qué vida tan triste tuvo el pobre. Siempre detrás de una felicidad que no llegó a alcanzar nunca, desarraigado, enamorado y no correspondido. Aunque no sabe que su poesía la seguimos disfrutando. Al menos eso sí lo consiguió.
Pues a virar el rumbo y sondear nuevos horizontes. Un saludo
El olvido es un castigo ineludible pero me pregunto qué hemos hecho los humanos para merecernos tan rápido olvido de todas aquellas personas que nos conocieron algún día.
Salud
¿quizá el olvido sea el contrapeso de la soberbia?
¿quizá nos conecta con la realidad de que no somos tan importantes como pretendemos?
Isabel61: vida triste para mí sólo la llevan los mediocres que nunca hacen lo que sienten por miedo al qué dirán o a lo que se espera de ellos o a lo que la sociedad en cada momento dice que está bien o mal. Amar, sufrir, reir, dejar los colchones familiares, ariesgarse, bailar, comprometerse con los que son menos afortunados que nosotros......eso es vivir! Y Cernunda vivió.
La soberbia nos presigue hasta los últimos rincones. Creemos haberla vencido pero siempre vuelve llena de fuerza. Tal vez el olvido contribuya a bajar su estatura pero la soberbia parece eterna.
Salud
El olvido se llama descanso, serenidad...
donde estás olvido?
Hay veces que el olvido es un placentero descanso, otras una desgarradora herida que nos parte en mil pedazos insignificantes.
Salud
No te he olvidado...
Es una suerte (buena). Siempre es una suerte permanecer en la memoria de otra persona. Sobre todo si es para bien.
Salud