Me gusta que me leas.

¡Sí, lo que lees!

Me gusta que se te pongan los ojos muy abiertos, como platos, con algunas de las frases, de los párrafos o los comentarios que de vez en cuando vierto en este blog.

Muchas veces, la mayoría, escribo por el placer de escribir, otras por quitarme pesos interiores de encima, otras muchas por descansar de la monotonía laboral, pero siempre me acuerdo de que en algún momento, no sé cuando, vas a dejar tus cosas, las labores cotidianas que tanto consumen tu tiempo y te vas a dar una vuelta por este rincón inútil y ocioso donde gira el viento cansado y a la vez esperanzado por el camino que aun le queda por recorrer.

Por eso te doy la bienvenida, ahora y todas las veces que dejes que tu persona entrañable se de una vuelta por aquí.

Gracias.