Vengo de la bruma, aturdido por el frío viento.

Mientras camino entre los rosados dedos de la aurora encuentro la esperanza en este cambio de tiempo, de era.

Llega de nuevo el solsticio y renace la esperanza.

Con el nuevo sol llega el calor a las ateridas manos. Con el naciente sol, la caricia de la luz recorre las mejillas.

Queda mucho camino que recorrer…
que no decaigan la fortaleza de tus huesos ni la energía de tus tendones.