Contemplo la ventana empañada y siento el placer del calor del hogar. Mayor placer cuando el frío domina el ambiente callejero. Vuelvo la mirada, veo a mi hija, absorta, leyendo uno de esos libros con bellas imágenes que complementan frases de personas célebres con transcendentales pensamientos que generan nuevos y viejos pensamientos en el lector. Pensamientos que esperaban un empujón para salir a flote. Uno de estos, atribuído a Sócrates, menciona que si tenemos dos ojos y dos oídos pero sólo una boca es porque debemos escuchar y observar mucho pero hablar poco. Resulta curioso que un pensador que empleaba la palabra hablada para enseñar y que lo que ha perdurado de sus pensamientos lo escribieron sus discípulos, dijera esto. No me parece mal consejo. Sin embargo, me pregunto que si sólo tenemos un cerebro, ¿será para que pensemos poco? Y si tenemos dos manos y cinco dedos en cada una de ellas, ¿será para que escribamos mucho? ¿Pensando poco? ¿Observando mucho, oyendo más y hablando menos?
La muerte de Sócrates, Jacques-Louis David, 1787.