He vuelto a leer a Tabucchi. Ya sé lo que estás pensando. Y es cierto, soy una persona voluble, inestable como una veleta. Pero no quiero hablar de mí. Ni de tí. Solo quiero recordar un par de instantes de lo que tal vez fue una vida que compartimos en unos eternos instantes. Tal vez no lo recuerdes. No importa. Tabucchi hace escuchar a uno de sus personajes lo que dice una niña que está siendo tratada con quimioterapia porque padece un cáncer. Dice: ¡Pero si eso es lo más bonito del mundo! Nuestro oyente no sabe por qué lo dice pero se plantea, como me planteo después de leerlo, que cómo es posible que a su edad (o a la mía), con todo lo que ha visto y conocido, no supiera aún qué era lo más bonito del mundo.